¿Traición maternal? El hijo que prefirió cubrir el crimen de su madre y dejarla escapar.
La crónica roja de México se enfrenta hoy a uno de los capítulos más oscuros y desconcertantes de los últimos años.
Lo que inicialmente se perfilaba como la historia de éxito de una joven modelo que alcanzó sus sueños, se ha transformado en un expediente judicial teñido de sangre, traición familiar y una huida que mantiene en vilo a las autoridades de la Ciudad de México y Baja California.
El asesinato de Carolina Flores Gómez no es solo un número más en las estadísticas de violencia de género; es el retrato de una obsesión patológica y de un silencio cómplice que ha permitido que la presunta asesina, su propia suegra, se evapore ante los ojos de la justicia.
Carolina Flores Gómez, nacida el 4 de abril de 1999 en Ensenada, Baja California, poseía esa luz natural que solo ostentan quienes están destinados a los reflectores.

En 2017, con apenas 18 años, su belleza y carisma la llevaron a coronarse como Miss Teen Universe Baja California, convirtiéndose en un orgullo para su estado.
Con el paso de los años, su carrera como modelo floreció y su presencia en redes sociales se consolidó, compartiendo con miles de seguidores lo que parecía ser una vida idílica: su trabajo, su relación con Alejandro Sánchez y la llegada de su pequeña hija, que hoy tiene apenas ocho meses de vida.
Sin embargo, detrás de las fotografías impecables y las sonrisas en Polanco, se gestaba una tragedia alimentada por el control y el resentimiento.
De acuerdo con las declaraciones de Reina Gómez Molina, madre de Carolina, la joven vivía una pesadilla silenciosa.
En diciembre de 2025, Carolina y Alejandro tomaron una decisión drástica: abandonar Ensenada para mudarse a la Ciudad de México.
No buscaban nuevas oportunidades laborales; buscaban sobrevivir emocionalmente. La mudanza fue una huida desesperada para poner distancia física de Erika Herrera Coriand, la madre de Alejandro, una mujer de 63 años con un pasado de influencia pública —habiendo sido candidata a regidora en 2016— y una posesividad asfixiante sobre su hijo.
Amigas cercanas a la víctima confirman que la relación, que inicialmente era cordial, se tornó agresiva y tóxica a partir del embarazo de Carolina.
Erika, al parecer, no podía tolerar que otra mujer ocupara el centro de la vida de su hijo.
El miércoles 15 de abril de 2026, la premeditación se encontró con la vulnerabilidad. Erika Herrera Coriand no viajó desde el norte del país para una visita familiar de cortesía.
Cruzó el mapa con un objetivo letal. A las 11:30 de la mañana, Carolina se encontraba en su hogar de la Ciudad de México, vistiendo una bata de baño y pantuflas, con el cabello aún húmedo, preparándose para un día común junto a su bebé.

La seguridad de su santuario privado fue violada por la mujer en quien alguna vez confió.
Un video del monitor de seguridad, que ahora es pieza clave en la investigación, capturó los escalofriantes momentos previos.
En las imágenes se observa una discusión verbal entre ambas. Carolina, intentando evitar el conflicto, se dirige hacia una de las habitaciones del departamento; Erika la sigue de cerca, fuera del campo visual de la cámara.
Lo que sigue es un audio que ha horrorizado a la nación: un primer disparo, el grito desgarrador de Carolina y, acto seguido, cinco detonaciones más ejecutadas con una frialdad quirúrgica.
La escena posterior es digna de un análisis sociológico sobre los vínculos familiares retorcidos. Alejandro Sánchez aparece en el encuadre cargando a su bebé de ocho meses.
Al ver el cuerpo de su esposa tendido en un charco de sangre, confronta a su madre.
La respuesta de Erika Herrera Coriand, grabada para la posteridad, hiela la sangre: “Nada, me hizo enojar.
Tú eres mío. Ella no”. En ese instante, la jerarquía del miedo y el control materno se impusieron sobre el amor conyugal y el deber ciudadano.
Alejandro, con su hija en brazos, no retuvo a la agresora ni llamó de inmediato a las autoridades.
Dejó que su madre saliera caminando por la puerta, dándole una ventaja de tiempo invaluable para desaparecer.
El comportamiento de Alejandro tras el crimen es objeto de un intenso debate público y una investigación criminal exhaustiva.
El joven permaneció en el departamento con el cadáver de su esposa y su bebé durante más de 24 horas antes de presentarse ante la fiscalía.

Su justificación, centrada en el temor de que la niña fuera enviada a una casa hogar si él era detenido, ha sido recibida con escepticismo por la familia de la víctima.
Durante ese tiempo, Alejandro incluso grabó videos con instrucciones sobre el cuidado de la menor, una conducta que los peritos psicológicos analizan como una posible disociación o una estrategia de defensa premeditada.
La denuncia formal no se registró hasta el 16 de abril de 2026. Reina Gómez Molina recibió la noticia de la muerte de su hija por una llamada de Alejandro desde la fiscalía, un día después de que el corazón de Carolina dejara de latir.
Desde ese momento, la madre de la modelo se ha convertido en la voz de una justicia que parece caminar a paso lento.
“Yo le hablaba todos los días por videollamada para que la bebé no olvidara mi voz.
Mi mayor miedo era pasar por esto”, declaró Reina entre lágrimas, exigiendo que no se fabriquen culpables ni se desvíe la atención de la responsabilidad de Erika y la posible omisión dolosa de Alejandro.
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, bajo una fuerte presión de colectivos feministas y la opinión pública, ha reclasificado el caso bajo el protocolo de feminicidio.
Los informes periciales son contundentes: Carolina recibió múltiples impactos de bala, seis de ellos localizados en el tórax y la cabeza.

En la escena del crimen se recuperó un arma calibre 9 mm y siete casquillos percutidos, evidencia de un ataque feroz e inequívoco.
El jueves 23 de abril, un juez de control emitió finalmente la orden de aprehensión contra Erika Herrera Coriand.
Hoy, 13 de mayo de 2026, la suegra de Carolina Flores Gómez sigue siendo una de las fugitivas más buscadas del país.
Se ha activado una alerta migratoria y la policía de investigación rastrea sus posibles escondites en Baja California y estados aledaños, pero el rastro parece haberse enfriado debido a la demora inicial en la denuncia.
Cada minuto que pasa sin su captura es un recordatorio de la falla en los sistemas de protección y de cómo el privilegio y los contactos pueden facilitar la evasión de la justicia.
En Ensenada, la ciudad que vio nacer a la “reina de belleza”, la indignación ha tomado las calles.
Amigos, familiares y ciudadanos indignados han convocado a marchas bajo el lema “Justicia para Carolina”.
La exigencia es clara: la localización inmediata de Erika y el esclarecimiento total de la participación de Alejandro Sánchez.
https://www.youtube.com/watch?v=g2I6tY-dSfI
El caso ha trascendido las fronteras, resonando en una sociedad mexicana agotada de ver cómo los hogares se convierten en escenas del crimen y cómo la impunidad se disfraza de lealtad familiar.
Carolina Flores Gómez tenía 27 años y un futuro que le fue arrebatado por una mujer que no pudo aceptar la autonomía de su hijo.
Se mudó a la capital buscando la paz que Ensenada le negaba, pero la sombra de su suegra la alcanzó.
Hoy, su hija de ocho meses queda en la orfandad, siendo el testimonio viviente de una tragedia que nunca debió ocurrir.
Mientras la fiscalía continúa con las investigaciones, el país observa, esperando que este caso no se convierta en una carpeta más acumulando polvo en un escritorio, sino en un precedente donde la justicia alcance a quienes, con total desprecio por la vida, decidieron que una madre joven no tenía derecho a existir.
La pregunta sigue en el aire: ¿Dónde está Erika Herrera Coriand? La respuesta es la deuda pendiente de este 13 de mayo con la memoria de Carolina.